Caminamos directo al altar y me entregó en las manos de ese hermoso hombre.
-No puedo decirte nada, porque no tengo el derecho, tú ya la has cuidado y protegido y sólo espero que continúes haciéndolo como hasta ahora, ámala y hazla feliz.
-Le juro que lo haré.
Mi padre se retiró y me quedé frente a mi hermoso y dulce August.
-Buenas noches a todos. De nuevo aquí para oficiar una boda. ¿Cuántos de ustedes faltan por casarse? Puedo casarlos hoy mismo a todos.
Bromeó el juez y todos reímos.
-Ja ja