Me mordí el labio dudosa y con remordimiento...
Vlad asintió.
-Está bien.
-¡Perfecto! Vladimir, hijo, cuida bien de mi muñequita.
-Es mi hija tía, claro que la voy a cuidar...
-¡Ja ja ja ja! Sólo decía.
Le sonreí y me despedí de mi princesa...
-Nos vemos al rato mi cielo, te portas bien.
-Sí, mami.
-Nos vemos más tarde Vlad, muñequita.
-Adiós tía...
Salimos de aquella casa y subimos al auto, dos guardaespaldas nos acompañaban, media hora después llegamos a una gran mansión antigua. En el camino