Y eso fue todo, no dijo nada más, yo tampoco dije algo, solo nos miramos y permanecimos así hasta que el sueño nos venció, por la mañana, cuando yo desperté, ella ya no estaba.
Solo mi princesa, que dormía abarcando casi toda la cama.
Acaricié su frente, era tan inocente, deseaba por un instante que Nath dejara de existir, sé que está mal, pero no podía dejar de pensar en todo lo que esa mujer podía hacerle a mi hija y a Emma.
Me desperecé y salí de la habitación, cuando llegué a la cocina