Llegué muy temprano a la empresa, me bañé, me arreglé, huelo delicioso, luzco impecable, pero me siento fatal, siento que en cualquier momento vomitaré como aquella noche en la que le vomité los pies a Emma.
El párpado derecho me brinca y las manos me tiemblan.
Decidí no desayunar porque de verdad siento que vomitaré.
Cuando la recepcionista llamó para informar que ella había llegado, automáticamente sentí pánico, quería lanzarme por la ventana, sé que suena estúpido y cobarde, pero tengo miedo de verla, de ver su rostro aterrorizado como en Londres, preferiría estar en cualquier lugar menos en empresas Keller para no enfrentarla.
Pero debo ser valiente, es lo que me corresponde y mi psicólogo dijo que tarde o temprano llegaría este momento, así que aquí estoy, esperando a que haga su entrada, mientras todos los socios aquí presentes me miran como si yo fuera un chiste, probablemente lo soy, soy un manojo de nervios.
¡Tzzzz!
La puerta corrediza de la sala de juntas se deslizó y...
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