Lo vi marcharse, sentí un nudo en el pecho, no obstante no le rogaría para que se quedara, era momento de limpiar mi círculo, de desvincularme de todas las personas en mi vida que no me aportaban, que no me eran de utilidad y que apoyaban a Emma, a pesar del dolor, debía hacerlo.
-Entonces...
¿Ya puedo mudarme?
-Ja.
Tú si que estás demente.
No, no puedes mudarte Nath.
-¡Sólo era broma, que sensible estás!
-¿A qué viniste?
-Ah... Eso.
Me miró con una sonrisa, abrió su bolso y sacó un sobre