Abrí mi pastelería mientras los brownies del señor Bernard se horneaban, durante todo este tiempo continuaba llorando, necesitaba desahogarme, sacar todo lo que llevaba dentro.
-¿Niña Emma?
-¡Señor Bernard!
Corrí a abrazarlo, se veía distinto, muy delgado, cansado y... Más viejito, mi corazón se estrujó y rompí en llanto, le había dado su espacio y no lo había visitado, ahora me arrepentía, no sabía exactamente de qué estaba enfermo, pero tampoco me atrevía a preguntarle.
-¡Mi niña! ¿Por qué ll