La negación es mi primera reacción, y la segunda es aparentar tranquilidad con la maestra diciéndome tremenda falacia. ¿Mi Sara golpeando a un niño? Imposible. Con ese firme pensamiento, y lista para defender a mi hija con los dientes, acompaño a la mujer hasta la dirección, en donde me encuentro a mi hija en compañía de la directora y un pequeño.
Al decir pequeño, era un niño de menor estatura que mi niña. Sus pies están más lejos del suelo que los de Sara en esas sillas. La directora dirige s