Los pasos que dan los hombres me ponen nerviosa. Estoy encerrada debajo de mi propia cama por una ridícula intuición que resultó siendo certera.
—¿No estamos exagerando? ¿Por qué ella tendría esa agenda? — escucho a la segunda voz y lo confirmo… reconozco esas botas… era Leandro.
—¿Le dices eso a Leonor? Solo busquemos y acabemos con esto — reconozco también la segunda… era Luciano.
Así que Leonor había mandado a sus nietos en búsqueda de su diario. Lo cual me confirma dos cosas. Una, nada mío