Abro mis ojos con tanta rapidez en un lugar completamente distinto al almacén en llamas, que me asustó y salto del miedo en… en esta camilla de hospital. Esta vez sí soy capaz de controlar mi respiración y percatarme de que estoy a salvo, así como lo está mi hija. Esa que me está observando despertar y despertarse ella en el proceso, parecía que había echado una siesta en el sofá de la habitación.
—¿Estás bien mamá? ¿Te duele algo? — cuestiona preocupada Sara acercándose a mí.
—Es lo mismo que