Tras mil peinados, Sara por fin se siente cómoda con el que le he hecho ahora. Solo el pelo suelto y una diadema de lazo, ese es el que le termina de convencer. Las madres además de amor inagotable, tenían paciencia inagotable he de recordarme. Y esa misma paciencia era la que debía seguir exhibiendo en la cena que acontecería en pocos minutos.
Mi hija se está apreciando en el espejo con su vestido rosa, y yo aplacando mi cabello con las manos. No podía tener la guardia baja esta noche, sería m