Bueno, este matrimonio parecía sumamente prometedor.
Ni dos días conviviendo teníamos y ya nuestra primera pelea había acontecido. Una por no querer que mi esposo me compre un auto último modelo. ¿Era estúpida por no aceptarlo? Que alguien me dijese algo que no supiese, y es que cada vez estaba más convencida de que Dios da pan al que no tiene dientes.
Clara, la sin dientes me podrían llamar.
En mi dilema interno me voy a la casa de la señora Celia, quien me recibe encantada de la vida. Aunque