Harper soltó un jadeo denso que estaba mezclado entre tensión y rabia, un sentimiento incontrolable que se quería apoderar de su cuerpo.
Harper colocó ambas manos con firmeza sobre el pecho musculoso de Austin, sintiendo la dureza de su cuerpo bajo la fina tela de la camisa, y lo empujó con todas sus fuerzas.
—¡Cállate!... No quiero escuchar tus idioteces —le exigió con los dientes apretados y una mirada desafiante—. Lo que pasó en la cama fue un accidente, estaba dormida, no te sientas tan af