La arrogancia que había salido por la boca de Austin minutos antes se disolvió en su garganta, reemplazado por un asombro involuntario que hirió su orgullo.
Harper, al escuchar el golpe de la puerta, se giró con un grito ahogado... El pánico, la vergüenza y la indignación se reflejaron en su rostro al ver a Austin estático en la entrada.
Allí estaba él mirándola con una fijeza que la hizo sentir completamente expuesta; con un movimiento rápido y desesperado Harper tomó la sábana de la cama y se