El trayecto de regreso a la mansión se consumió en un silencio asfixiante, sentados en el asiento trasero del auto, ni Harper ni Austin se atrevieron a cruzar una sola palabra con respecto a la estadía del abuelo bajo el mismo techo.
La urgencia del problema que se les venía encima se comunicaba en la rigidez de sus posturas, cada movimiento debería ser quirúrgico si no querían quedar expuestos ante el abuelo.
La orden de Hugo sobre Austin era estricta, no admitía fisuras en su comportamiento