La oscuridad de la madrugada en la habitación principal estaba acompañada con un silencio denso.
La inmensa cama, que horas antes representaba la frontera de una guerra declarada, se había convertido en un territorio neutral custodiado por la desconfianza de Harper.
Austin permanecía boca arriba, con la mirada fija en las sombras del techo, el peso de las responsabilidades de la compañía, las exigencias del abuelo y los fantasmas de un pasado del que nunca hablaba se materializaban cada noche