Sus labios contra los míos.
El silencio en el interior de la habitación principal se volvió tan espeso que el eco de sus propias respiraciones parecía retumbar en las paredes.
Ante la imponente desnudez de Austin, Harper sintió que el suelo se desvanecía bajo sus pies.
La fascinación inicial que la había dejado estática dio paso a una oleada de calor que le subió por el cuello, transformándose en una incomodidad profunda y un nerviosismo que amenazaba con hacerla perder la compostura que tanto le había costado recuperar.