Luego de unas cuantas horas, las cuales parecieron eternas, el sonido de las puertas de la sala de cirugía abriéndose de golpe hizo que los dos se pusieran en pie.
El cirujano principal salió a la sala de espera, se quitó la mascarilla médica con un gesto que hizo que Harper por fin sintiera un poco de alivio.
Los miró a ambos y esbozó una pequeña sonrisa.
—Señor Cooper, señora Lane —anunció el médico, limpiándose el sudor de la frente—. La intervención fue sumamente compleja debido a la hemo