La mañana del día siguiente trajo consigo una calma extraña, casi irreal, tras la tempestad vivida en el hospital.
Harper despertó, abrió los ojos aún sintiéndose agotada, llevó la mirada hacia el costado dándose cuenta que estaba completamente sola en la cama.
El lado de Austin ya estaba frío, un recordatorio silencioso de que regresaban a la rutina diaria en cuanto la crisis se disipó.
Harper se sentó en el borde de la cama, suspiró con pesadez mientras se pasaba las manos por el rostro.