Al día siguiente, cuando las primeras luces del amanecer apenas lograron entrar en la habitación, Harper se levantó en silencio, miró de reojo la figura de Austin, estaba sumido en un sueño pesado y tenso.
Sin hacer el menor ruido, se vistió y abandonó la habitación.
Harper tomó un taxi en la entrada de la mansión, prefiriendo la soledad de un asiento trasero que la compañía de cualquiera de los chóferes de la familia Cooper.
Mientras el vehículo avanzaba entre el tráfico matutino, yendo de cam