Mia:
— Dormía con una cadena en el cuello, estacada en el patio de la mansión, junto a los perros que cuidaban el lugar, se me permitía entrar solo a limpiar y a atender a la familia Herrera, no se me tenia permitido ver a la cara a nadie de la familia, tampoco podía hablar, y por supuesto, no podía comer lo mismo que ellos, mucho menos sentarme a la mesa… — trago con fuerza, al recordar la humillación de ella, una mujer, que se suponía debía ser como mi madre. — Ofelia, la madre de Mirko… toma