Los padres de Margarita no pudieron reaccionar ante dicha escena. En vez de eso, se quedaron aturdidos y miraron todo el acto con diversión.
Nunca habían visto a su hija desmayarse y, en ese instante, no supieron qué hacer. Podían correr a auxiliar a Margarita o ayudar al muchacho que estaba siendo devorado por una perra en celo, pero en vez de eso, no hicieron nada.
—¡No, Dulce bella princesa Leia! —gritó la madre de Margarita y con un mantel de cocina le dio unos cuantos azotes a la enloqueci