Se quedó de pie en una esquina del cuarto, analizando todo lo que sentía y tomó su teléfono móvil, sus medicamentos, sus zapatillas de deporte, una capucha negra y abandonó la propiedad a paso lento.
Pisó suave para que nadie lo oyera y agarró una de las bicicletas familiares para escapar.
Se sintió tan libre pedaleando por la carretera en la madrugada que la adrenalina lo revitalizó entero. Nunca se detuvo y avanzó tan rápido que no tardó ni media hora en llegar a la zona central del pueblo. L