Eduardo
Entró en el bar con pasos firmes, aunque cargados de una tensión que él mismo intentaba disimular. El ambiente estaba lleno, pero no abarrotado: mesas ocupadas por grupos animados, vasos tintineando, música baja llenando el fondo. Vio a Gustavo ya instalado en la zona reservada, como siempre relajado, con una copa de whisky en la mano.
En cuanto Eduardo se acercó, Gustavo levantó la mirada, arqueando una ceja con una mezcla de sorpresa y curiosidad.
—¿Eh? ¿Tú por aquí? —dijo, dejando el