Vivian
Llegó a la mansión pasadas las nueve. Tecleó la contraseña y entró sin vacilar. El ruido proveniente de la cocina la guió hasta allí.
Eduardo, de espaldas a ella, estaba frente al microondas abierto, resoplando como si librara una batalla perdida contra el aparato. Sobre la encimera, un recipiente deformado, la comida reseca y el olor a plástico quemado impregnando el aire.
Eso fue lo primero que Vivian notó. Pero, cuando él se giró, el aire pareció desaparecer de sus pulmones.
El cabell