Vivian
Vivian llegó al registro civil con el corazón pesado, preparada para poner fin, de una vez por todas, al vínculo que la unía a Eduardo. Pero, al empujar la puerta de vidrio, se detuvo en seco. Él estaba allí. Con un traje oscuro impecable, la corbata ligeramente aflojada, emanaba una presencia que parecía dominar el ambiente. No imaginó que iría personalmente.
La mirada de él la encontró de inmediato, fría y calculadora, pero había algo más — una tensión mal disimulada. Y, en el instante