Gabriel
La ira me ciega.
La rabia de no tener pistas, de no saber si está bien, hace que no calcule los pasos como normalmente hago, ppero de o a estas alturas eso me importa una mierd4.
La puerta del coche se cierra de un golpe y no espero a que nadie me anuncie.
Entro.
No pienso. No mido. No calculo.
Solo camino con la rabia hirviendo en la sangre, subiendo por mis venas como un incendio que ya no puedo contener.
La mansión Santorini huele a poder viejo. A mármol pulido, a dinero heredado, a