La sala de la mansión está en silencio cuando entro.
Ese silencio denso que no es calma, sino espera. Como si las paredes supieran algo que yo todavía no.
Me quito el saco con un movimiento brusco y lo dejo caer sobre el respaldo del sofá. El nudo de la corbata me aprieta más de lo normal. Todo me aprieta hoy. El pecho. La cabeza. La piel.
No han pasado ni veinte minutos desde que regresé de la empresa y ya siento que algo está fuera de lugar.
Camino de un lado a otro, reviso el teléfono, lo bl