Capítulo 46
Laura avanzaba en silencio por el pasillo, conteniendo la respiración para no ser descubierta por su hermano que muy probablemente la regañaría como si fuera una niña pequeña.
En la habitación principal, las luces estaban apagadas, pero se escuchaban claramente los gemidos de Camila, que se escuchaban a pesar de que las paredes eran gruesas.
—Sí, así... más... no pares, Luciano... —se oía, ahogada, mientras la madera de la cama crujía con un ritmo constante —Dios mío mi amor... Se