Capítulo 3

Me he dado cuenta que incluso las personas que dicen que todo está predestinado y que no podemos hacer nada para cambiar nuestro destino igual miran antes de cruzar la calle. (Stephen Hawking)

Realmente, realmente cómo es que una persona puede ser tan arrogante.

El llamado Alexei la amenazó con dormirla de nuevo si es que no cerraba la boca y como Adara lo tomó literal, se quedó callada mientras intentaba escapar por quincuagésima novena vez.

Como resultado tuvo que él la llevó al camarote privado y la ató, literalmente la ató al poste de la cama. Tuvo que morderse la lengua para evitar gritar de frustración. ¿Desde cuándo los secuestros son así?

Después de unas horas de vuelo ya tenía el brazo y las piernas entumecidas, el muy maldito ni siquiera le dio soltura para que pueda subirse a la cama, solo la dejó en la mullida alfombra como un perro cualquiera.

Al segundo grito apareció de nuevo Alexei, esta vez con el rostro sereno pero con una vena en la frente a punto de explotar.

"Me alegro" pensó, con una malévola satisfacción. No era la única sufriendo incomodidades.

—¿Qué quieres?

—Suéltame.

—Los soplones no tienen el derecho de exigir nada.

—¡Ya te lo dije por quinta vez! ¡No soy una soplona! ¡Ni siquiera sé de qué añarako estás hablando!

El duque parecía intuir que su frustración era verdadera ya que entrecerró los ojos en su dirección y se paró por el marco de la puerta, en la misma posición en la que lo encontró cuando despertó esta mañana.

—No sé porqué aqua ya supo que estabas ahí cuando llegamos pero no confío en ti. ¿Trabajas para ellos, маленькая мышь?

Adara echó la cabeza para atrás y soltó un suspiro de paciencia.

—Mira, Alexei, no sé qué es aqua ni tampoco sé porqué estoy aquí secuestrada pero es ilegal. Suéltame y no le diré a nadie, mi padre tampoco tiene dinero, puedes esperar una eternidad pero él no pagará por mi rescate.

—¿Qué te hace pensar que te creo, маленькая мышь?

—¡Deja de hablarme en ruso! ¡No te entiendo caramba!

Alexei se sacudió. Esta vez su frustración era más que sincera, incluso palpable.

—¿No sabes sobre aqua? ¿No hablas ruso?

La ratoncita le dirigió una mirada que contestó esa pregunta. El líder de la Bratva maldijo internamente. No puede ser…no puede ser que hayan cometido un error …¿Verdad?

—¿Te suena la Cosa Nostra?

—¿La qué?

Adara arrugó la cara confusa, ya había escuchado ese nombre, pero ¿Dónde?

Saltó emocionada cuando lo recordó.

—¡Sí! ¡Lo recuerdo!

Alexei sonrió satisfecho. Entonces no habían cometido un error.

—Lo leí en una novela romántica de mafiosos que mi mejor amiga me había regalado. Estuvo muy buena, hablaba mucho sobre la cultura de la mafia, chicos vestidos de traje elegantes, tatuados hasta los huesos, el líder todo rudo y…

Cuanto más hablaba, más el horizonte se esclarecia pero cuando más lo hacía más el rostro de Alexei se ensombrecía.

—Dios mío—susurró con un nuevo pánico subiendo por su garganta—. La Cosa Nostra, aqua, Bratva…

No tuvo que esperar a que Alexei le diera la razón. Todo estaba muy claro de repente.

—El secuestro no es la única cosa ilegal que hacen en tu organización familiar ¿No es así?

Alexei maldijo a todo el mundo, a todos los santos, demonios, buda, alá, a quien sea que le haya jugado tan cruel broma del destino.

Un imbécil, un verdadero imbécil. Eso es lo que es. Secuestró a la persona incorrecta. Claro que sí.

—Si no eres la soplona de mi clan. ¿Qué hacías en ese callejón específicamente? ¿A esa hora y lugar?

Entrecerró los ojos. Muy sospechoso que la creyera de una vez.

—Estaba pasando por ahí—obviamente no le va a decir al probablemente jefe de la mafia que escapó de su casa—. Y escuché el lamento de una persona. Encontré a un hombre moribundo y lo ayudé llamando a la ambulancia. Lo llevaron al hospital.

Se asustó cuando el jefe de una de las mafias que gracias al cielo no conoce su nombre, se levantó de un salto, marcó un número en su celular y comenzó a ladrar órdenes en ruso.

Al terminar la llamada comenzó a pasearse por la habitación, echando su cabello rubio hacia atrás, en un claro gesto de impaciencia.

—¿Te dijo su nombre? ¿Algo? ¿Puedes describirlo, маленькая мышь?

Adara negó con la cabeza.

—Estaba muy oscuro, salía sangre a borbotones de su desfigurado rostro, no podía siquiera respirar, menos hablar.

—Проклятое дерьмо.

—Ahora que hemos esclarecido este malentendido grande, ejem—carraspeó, señalando con el mentón hacia su atadura, aún arrodillada en el suelo—. ¿Podrías…?

Aún reticente se acercó para quedar sentado sobre sus pies a su misma altura.

—Tenemos que poner algunos puntos claros antes de que pueda soltarte, маленькая мышь.

En su cabeza sonaron inmediatamente alarmas de peligro.

—Adara ¿No?—dijo ignorando el claro descontento de la pelinegra. Con la mención de su propio nombre se sobresaltó, no recordaba haberle dicho a ninguno su nombre. Ante la expresión de la pelinegra, añadió—. Tengo muchos medios para saber de cualquiera.

—Por supuesto que los tienes. ¿Empresa familiar? Che revi—exclamó la secuestrada, poniendo más tenso y frustrado al ruso sobre su fácil error.

—Bien—endureció su tono. Errar es de humanos pero no de Alexei Romanov—. Ahora que sabes qué es lo que hago, será mejor que te comportes de acuerdo a la situación.

La pelinegra, fiel a su carácter paraguayo, quiso sostener su mirada, pero ante la pesadez de ésta, desistió.

—El avión empezará a aterrizar en unos momentos, por favor, mantener la calma y bajar de forma ordenada—dijo la voz robótica por el altavoz a la que Adara no estaba acostumbrada.

Adara se animó.

—¿Significa que me van a soltar? No soy yo a quien están buscando…

Probablemente no sepa nada en ruso, probablemente tenga que limpiar cafeterías o cosas así para ganarse el dinero del pan de cada día ahora que aterrizó en Rusia, pero mira el lado bueno: Su padre no podrá alcanzarla ahora.

—No.

—¿Qué? Pero si ya te he dicho…

—Sí, mis hombres han cometido un error—lo dijo como si tuviera ácido en la boca—. No eres la espía de mi organización pero eres la última que estuvo en contacto con él y por ende la única pista que tengo. маленькая мышь, no tienes otra opción.

Jadeó incrédula.

—¡Suéltame! ¡Déjame libre! ¡No sabes nada de mí, ni yo de ti!

Suspirando, Alexei le dio una mirada que hizo que ella cerrara la boca inmediatamente.

—Vamos a hablar como gente civilizada. Ahora ya no eres una espía ni rehén, no hay necesidad de que estés atada, sin embargo —giró la cabeza escuchando algo hacia afuera de la habitación—. No te puedo dejar en libertad. Sabes mucho de mi y definitivamente sé mucho de ti.

—¡Lalalalalala!—Adara cerró los ojos cantando a todo pulmón—. ¡No te puedo oír! ¡No te puedo oír! ¡Me mantendré segura si no sé nada de tu mafia!

—Adara Corleone, hija única de Mayson Corleone, dueño de una parte de la empresa económica de bolsa de valores. Empresa que cayó en picada cuando en el 2021 en plena pandemia, tu padre se volvió un apostador compulsivo debido a una racha de suerte, debiendo sumas importantes de dinero a casinos y a terceros, llevándolos a la ruina. No sabiendo qué hacer para salvar el dinero en el que invirtió años, te ofreció a ti, Adara, como medio de pago de sus deudas en un matrimonio arreglado con un hombre importante—La pelinegra no puede creer el torbellino de información que ha recibido en tan poco tiempo, el mafioso tuvo que morderse la mejilla para evitar asustar más a la ahora invitada especial en su poder.

—¿Qué? ¿Cómo sabes eso? ¿Quién…?

—Te dije que tengo muchos recursos.

Adara ya se estaba cansando de que él la interrumpiera a cada rato.

—No te da ningún derecho sobre mí. Te puedo acusar de secuestro—la mujer quiso atacar pero vaciló al ver la sonrisa de dientes perfectos de su secuestrador agrandarse.

—No existe el secuestro si es que tú misma escapaste de tu hogar.

La declaración del mafioso hizo que un pánico creciente se instalara en su pecho. Alexei confirmó su teoría cuando Adara desvió su mirada.

—¿Vas a llevarme con él?

Alexei negó.

—Que te hayas ido de tu casa no es mi problema, habrás tenido tus razones—Adara no pudo evitar tener un poco de esperanza—. Sin embargo no te puedo dejar en libertad, estarás bajo mi mando hasta que sepa qué hacer contigo. No te tienes que preocupar, nadie te hará ningún daño

—Pero…

—Sin peros. Nadie te hará daño siempre y cuando cumplas con mis reglas.

—Temía que dijeras eso—la pelinegra se quejó—. ¿Cuáles?

—Primero que nada y antes de todo, debes tener en cuenta de que ya no eres una rehén, sino una invitada especial, por ende tendrás a mis hombres detrás de ti 24/7—siguió hablando cuando vio los labios de ella separarse—. Y no, eso no es negociable. En el mundo de la mafia no hay reglas, no sabes cómo es. No intentarás escapar si alguno de ellos es abatido o si te quitan la mirada de encima por unos segundos. Segundo, te comportarás, probablemente tenga que llevarte como mi pareja a los lugares a donde vaya porque no confío en dejarte sola y tendrás que asumir ese papel, es indispensable que lo entiendas. Tercero, el respeto se gana pero desde ahora te pido respeto hacia mí como lo tendré hacia ti, cualquier integrante tendrá derecho a castigarte si es que ven que me faltas el respeto o me insultas en público, en Bratva nadie insulta al líder Alexei—cuando vio la mirada molesta de Adara, sonrió burlesco—. Realmente aún no sé si deba confiar en ti, por lo que yo sé podrías estar conspirando con ese soplón para poder meterte dentro de la organización sin tener que trabajar demasiado. Pero que estés aquí ya está hecho, ni tú ni yo podemos cambiar más nuestra situación independientemente de cómo nos encontramos.

Tuvo que admitir que tenía razón. El hecho de que ella esté en tierra rusa lo comprueba. Ya no puede remediar que ahora sepa que Alexei es el líder de la mafia más oscura y retorcida llamada Bratva y que están teniendo problemas con un traidor dentro.

Adara Corleone no le da la espalda a los problemas y siendo sincera no empezará ahora.

—Bien—refunfuñó, pero se lo pensó mejor. Ya que fue una equivocación de la mafia, él tiene que retribuirle de algún modo ¿No? Así son los negocios, su padre mismo se lo decía a menudo—. ¿Qué obtengo a cambio?

—La protección de Bratva. Lujos que jamás pensarías que ibas a tener en la vida, viajes, calidad de vida excelente. Básicamente tienes que solamente existir, una vida que cualquier mujer quiere.

Adara levantó una ceja, escéptica.

—No quiero estar encerrada, y tampoco quiero que tus hombres estén pegados a mi espalda—se estremeció visiblemente—. Algunos de ellos son…peculiares—Alexei pudo entender que se refería a Maverick—. Y todos ustedes me ponen los nervios de punta.

—No estarán pegados a ti, pero sí necesitan tenerte en su rango de visión constantemente. Hay enemigos en todas partes y te querrán para ellos para llegar hasta mi. La Bratva se toma en serio la seguridad de sus protegidos y ahora formas parte de esa reducida lista.

—No quiero sonar malagradecida o exigente pero mi padre sigue siendo la única familia que tengo. No quiero que él esté en peligro si es que alguna vez se enteran que estoy dentro de tu…organización.

Alexei asintió, satisfecho con su cooperación.

—Me encargaré de que esa empresa económica reciba milagrosamente un socio dispuesto a invertir para llevarlo de nuevo a su época dorada.

—¿Cómo…?—tragó, nerviosa por tocar ese nuevo tema—. ¿Cómo es eso de la pareja?

—Tendrás que hacerte pasar por mi novia o prometida. Contrario a lo que se cree de que la mafia no tiene reglas no es así. La única regla que jamás puede romperse es la de "nunca tocar a la pareja de un mafioso" y si quiero protegerte debes cumplir el papel. La Bratva no debe saber que estás siendo una farsa o nos irá mal a ambos.

Adara arrugó el ceño.

—Ellos van a saber de mi ¿No? ¿Van a creer que soy tu amante y decirle a todos en la organización?—ante el asentimiento del mafioso ella subió el mentón con determinación—. Entonces no quiero infidelidades. No tengo idea de como es la cultura rusa pero si van a creer que soy tuya necesito que me prometas fidelidad. No voy a manchar mi reputación como una mujer siendo engañada descaradamente por su pareja. También necesito que me prometas que me serás sincero en todo momento, si me estoy metiendo en algo que probablemente no tenga salida, al menos merezco saberlo todo para poder ir a la guerra con chaleco antibalas.

El avión se tornó en un silencio sepulcral, Adara levantó la mirada para observar

al mafioso. Adara pudo ver la sorpresa seguida de la diversión en sus ojos. Mezclado con un sentimiento que no pudo reconocer.

La pelinegra se puso más nerviosa al pasar los segundos. No era una petición tonta... o si?, el mundo del hombre frente a él era muy diferente al suyo. Tal vez ya tenía muchas mujeres como amantes y no quería dejarlas. ¿O tal vez la parte de la sinceridad es lo que le molestaba? ¿No confía en nadie lo suficiente como para que diga las cosas así tan cual son? ¿O el problema es ella? ¿Tiene tan mala pinta que no confía en ella?

—Te lo prometo, маленькая мышь—habló finalmente Alexei. La mujer lo miró, sorprendida, estaba preparada para que aquella propuesta fuera rechazada. En la mente de Adara no podía evitar el pensamiento de que tal vez aquel hombre no era tan malo como parecía. Tras unos segundos de incómodo silencio, la mujer decidió romperlo

—¿Puedes desatarme ya?—sintió que sus orejas volvían a calentarse, se enfadó consigo misma por el tartamudeo de su voz. Como si no se hubiera dado cuenta, el ruso se movió inmediatamente para ayudarla.

"Demasiado cerca", pensó Adara.

Las manos expertas del mafioso comenzaron a desatarla rápidamente. El calor del hombre y su costoso perfume inundaron sus sentidos por completo, se sintió enfadada mientras en su interior se retorcía felizmente ante la proximidad de su hombre. Cuando se dio cuenta de ese último pensamiento, se golpeó mentalmente. Alexei no era su hombre, no pertenecía a nadie.

Aún no había comenzado su falsa relación y a ella ya le ponía el apodo de "suyo" está muy mal de la cabeza.

¿Que tan malo es que se sienta atraída por el líder de la mafia rusa? Y para rematar, el mismo hombre que la secuestró.

El ruso la declaró lista cuando todas las correas estuvieron desatadas. Mientras se estiraba para acomodar sus miembros, Adara no pudo evitar mirar las manos del mafioso.

—Vamos—le ofreció una mano para salir finalmente del avión—. Pediré un médico para poder confirmar tu buena salud.

Asintiendo tomó la ayuda que le dio y pasó primero por enfrente. Dando a entender que ella no será tratada como alguien inferior.

(...)

El colorido de lo que Alexei llamó la ciudad soñada. Se puede decir que San Petersburgo, que es la ciudad menos rusa, es como una muñeca matrioska. Esta muñeca es un símbolo del país porque tiene muchas capas. Si se rasca una capa, se encuentra otra debajo.

Adara se sintió como si hubiera sido transportada a otro mundo; las calles eran bulliciosas y estaban llenas de vida. La arquitectura era una combinación de Rusia moderna y antigua, y la gente era increíblemente diversa. Ella pensó que podía estar soñando.

Y sí, puso cara de incredulidad cuando Alexei, soltó la bomba.

—Un empresario ruso trajo del país nipón unas figuras que representaban a las divinidades y un artista de aquí las imitó inspirándose en las campesinas locales, que se llaman matrionas". Luego las llevaron a la Exposición Universal de París, donde triunfaron.

Después de eso se dedicó a mirar con fascinación cada pequeña cosa.

—Impresionante ¿Verdad?

Maverick, que estaba en el asiento del copiloto frente a ella, la sacó de su estupor.

—Sí, realmente lo es—Adara sonrió emocionada, sin notar la mirada de Alexei sobre ella. Salieron y se dirigieron a otro lugar.

Esta zona era más exclusiva, y Adara pudo comprobar que la gente no reaccionaba ante el inusual grupo de coches en el que iban. Se preguntó si la gente de Rusia estaba acostumbrada a los negocios de Alexei en su país.

Cuando llegaron a una zona apartada y rodeada de árboles antiguos, Adara pudo oír con más claridad el sonido de agua corriendo.

Cuando se abrieron las enormes puertas que tenían delante, su mente dio un vuelco y su cerebro trató de procesar lo que estaba viendo. Esta no era una casa común, ni siquiera una de las mansiones que estaba acostumbrado a ver en los asociados de su padre. Parecía una combinación muy peculiar y bien hecha de estructura occidental y oriental.

Al pasar por la enorme extensión de vegetación, pudo ver pavos reales blancos paseando libremente por la hierba. ¡Una m*****a locura!

—Hemos llegado—anunció Alexei a su lado.

—¿Aquí es donde vives?—preguntó sorprendida.

—Se podría decir, pero no es el hogar principal de mi familia, donde me crié—respondió el mafioso mientras le tendía la mano para que se bajara.

"¿Ni siquiera es la casa principal?" Adara no podía ni imaginar la casa de la infancia de Alexei.

Cuando salió del auto, vio dos hileras

de personas en las escaleras. Por su vestimenta pensó que trabajaban en la casa-palacio.

Se puso ansiosa al ver que algunos hombres tenían armas grandes, pero corrigió a su consiente para que se acostumbrara a esa imagen.

Las mujeres eran parecidas a la mujer que la vistió.

El hombre más viejo se acercó a ellos con un rostro de emoción.

—сэр, мы рады, что вы вернулись. [Señor, nos alegramos de tenerlo de vuelta].

— В конце концов, это все еще мой дом.[Sigue siendo mi hogar, después de todo]—le contestó Alexei igual de feliz. La pelinegra se sintió de nuevo confundida al no entender nada de lo que hablaban.

Los ojos del hombre se pararon sobre ella y Adara pudo jurar que la expresión en su rostro incrementó a una incluso más emocionada o esperanzada.

—Это Адара, моя невеста и твоя новая леди. Он не говорит по-русски.[Ella es

Adara, mi prometida y tu señora. No habla ruso]

—¡Oh! ¡Señora, es un honor conocerla!—se dirigió a Adara en un español muy marcado. Iba a contestar cuando se acercó por completo y tomó sus manos entre las de él—. Tu llegada trae bonanza y felicidad a la familia Romanov.

—Ah, yo…—no supo responder y Alexei la salvó.

—Él es nuestro mayordomo principal, Cardi. Es parte de mi propia familia.

Adara asintió con una sonrisa amable.

—Es un honor para mí conocer a gente tan cercana a mi prometido—observó a todos los empleados que la miraban con genuina felicidad—. Es un honor conocerlos a todos y tener esta gran bienvenida.

Todos se inclinaron en señal de bienvenida.

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