—Creo que iré a preparar el desayuno, por favor, no te levantes —dijo dándose la vuelta y huyendo.
Unos diez minutos después, olor a café recién hecho y pan tostado llegó hasta la habitación como una invitación imposible de ignorar. Abajo se oían voces suaves, la risa contenida de mi mamá, el carras