Capítulo 40
El vapor llenaba el baño como una niebla espesa, caliente, que hacía que el espejo se empañara por completo en cuestión de segundos. El agua caía fuerte desde la alcachofa, golpeando mis hombros y bajando por mi espalda en riachuelos que aliviaban un poco la rigidez del collarín. Cerré los ojos y de