—El señor Blackwood está en una reunión de trabajo, señora. Me pidió que la recogiera y que le dijera que se retrasará un poco más. Que coma si tiene hambre, que él llega en cuanto pueda. Ya pidió sushi para usted, está todo listo en casa.
Sentí un pinchacito de decepción, pero lo tragué. No era enfado, solo… expectativa frustrada.
—Vale. Gracias, Javier.
Subí al coche. Mientras avanzábamos por las calles iluminadas, miré el móvil. Ningún mensaje nuevo. Solo el último de él, de hacía horas.
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