No había suavidad en la pregunta. Era directa, práctica, como si estuviera consultando la agenda de reuniones.
Me quedé quieta un segundo, procesando. El collarín me impedía girar la cabeza rápido, así que solo moví los ojos hacia su silueta oscura.
—Mañana es mi último día de reposo —respondí con voz neutra—. El médico dijo tres días más después del accidente, y ya van cumplidos. Pero si me necesitas en la oficina… puedo ir mañana.
Lo dije sin pensar demasiado, porque era lo que siempre había