GRACIA
Todo está firmado. El ruido del bolígrafo se apaga, pero en mi pecho resuena aún como un trueno. No es más que un roce de tinta sobre papel, y sin embargo, tengo la sensación de haber roto una cadena invisible. Un capítulo entero de mi vida acaba de cerrarse, pero aún no me atrevo a pasar la página.
Cuando salimos, el aire fresco muerde mis mejillas. Podría tambalearme, pero él está ahí, un paso detrás, exactamente a la distancia correcta. No para sostenerme. Para anclarme. Su presencia