DOS MESES DESPUÉS
GRACIAS
El perfume de la cera de abeja y de los libros viejos flota todavía en nuestra casa, un perfume que se ha convertido en el de la paz reencontrada. Las sombras de Lidia e Inés se han desvanecido, relegadas al estatus de pesadillas pasadas. Inés espera su juicio en prisión preventiva, y su nombre no es más que un susurro amargo en nuestro día a día. Hemos aprendido a respirar de nuevo, a reír, a vivir en el santuario colorido que Ézran ha creado para nosotros.
Pero desde