CAPÍTULO 17
Bajé corriendo las escaleras. En la cocina, la abuela Estela estaba inclinada sobre el lavaplatos, vomitando sin control. Estaba pálida, sudorosa, con la respiración entrecortada, se notaba que estaba realmente muy mal.
Carolina estaba a su lado, sosteniéndole el cabello y llorando.
—¿Qué pasó? —pregunté preocupada.
—Creo… creo que comí algo que me cayó mal —jadeó la abuela sin poder hablar —. Una crema… Chantilly de tres leches que estaba en la nevera… creo que...
Mi sangre se heló