CAPÍTULO 18
Me quedé mirando el pastel que Marina había sacado de la nevera. Sabía perfectamente que esa crema estaba envenenada, pero no podía demostrarlo, tenían que fingir hasta ver donde llegaría.
—Gracias —dije con una sonrisa falsa—. Pero estoy a dieta. De verdad lo aprecio, pero no como dulces
—No seas grosera —respondió ella con una falsa amabilidad—. Cómelo, está muy rico.
Sentí un nudo en la garganta.
—¿Por qué no lo pruebas tú primero? —pregunté con suavidad—. Por mí, lo disfrutas co