CAPÍTULO 26
Cuando llegamos al automóvil, todavía sentía el pulso a mil por hora por todo lo que había pasado. Steve abrió la puerta para mí, yo sabía que estaba alterado pero fingía que no, para que no me preocupara.
Me quedé mirándolo un segundo, intentando ordenar mis ideas.
—No sabía que tenías tanto poder —le dije finalmente, algo sorprendida.
Steve me miró directamente, sin intentar suavizar la situación.
—Siempre lo he tenido —respondió tranquilo—. Solo que no lo uso… a menos que sea