CAPÍTULO 25
—Steve, estás corriendo demasiados riesgos —le dije en voz baja, todavía con el corazón acelerado por el susto—. Si alguien entra a tu habitación y no te encuentra, todo se va a descubrir.
Él negó despacio, sin soltar mi mano.
—Ya no me importa —respondió con una paz que me asustaba—. No pienso estar separado de ti ni un segundo más. Además… —tuvo una sonrisa tensa— vine para ver cómo ese idiota de Nelson te acosaba. No iba a quedarme acostado mientras él te tocaba.
Mi pecho se acel