El aeropuerto de Luxemburgo estaba particularmente animado aquella tarde. Elena, Hades, Amir y Macarena, que avanzaban hacia la zona de embarque, se encontraban detenidos por el padre de Hades.
—Padre, no tienes por qué ser tan irritante con mi prometida—dijo Hades, conteniendo la voz, ante su progenitor, un gesto que apenas disfrazaba su desagrado.
El rey de Abu Dabi observó a su hijo en silencio durante un momento, antes de que su mirada se posara en Elena. No era sorpresa para ella: la fría