Al día siguiente, el ambiente en la mansión era tenso.
William, Westin y Dante, todavía heridos en su orgullo después de los acontecimientos de la noche anterior, se reunieron en el despacho de William. Aunque las palabras de la abuela habían dejado claro que Hades no era un enemigo a tomar a la ligera, ninguno de ellos estaba dispuesto a aceptar que un Alfa externo, y mucho menos uno con una reputación como la de él, se quedara con Elena sin luchar. Menos sin saber de que clase de casta viene.