Victoria se sentó en su oficina, rodeada de pilas de papeles y la pantalla de su computadora mostrando un informe que no había avanzado desde hacía horas.
Los números y gráficos parecían un idioma desconocido, incapaz de retener su atención. Su mente estaba atrapada en un bucle, recordando una y otra vez esa absurda guerra de feromonas que se desató la noche anterior en la casa de Elena y Hades.
El perfume natural de Amir había sido una bomba atómica para su sistema. Su pecho se tensaba con sol