Las figuras de Alena y Victoria se acercaron rápidamente, visiblemente agitadas. Elena, al escucharlas, suspiró profundamente, sintiendo una mezcla de cansancio y anticipación. Hades, sin soltarla del todo, se giró hacia ellas con una mirada gélida y una postura protectora que parecía advertirles que no iba a permitir ninguna nueva afrenta.
—No venimos a pelear, Hades —dijo Victoria, levantando las manos en señal de rendición—. Solo queremos hablar con Elena.
—Hablar no es lo que hicieron en el