A medida que el beso se profundizaba, Amir comenzó a deslizar las manos por su cuerpo, descubriéndola lentamente.
Aunque su tacto era firme, había una delicadeza que la sorprendía. Era como si quisiera memorizar cada curva, cada rincón de su piel.
Victoria, por su parte, trató de mantener el control, recordándose que no era una novata en estas cosas. Pero su cuerpo no respondía como esperaba. Con cada caricia, cada movimiento de Amir, sentía temblores que nunca antes había sentido. Era como si