El día había iniciado ajetreado para todos, ya que Tomás, desde que ingresó a la empresa, se mantuvo de un lado para otro. La situación despertó la inquietud en Ángela y no soportó por mucho rato y se presentó en la oficina de vicepresidencia con una taza de café.
—¡Vales, oro, mujer! ¿Cómo sabías que necesitaba cafeína para continuar sin morir en el intento?
—Tu rostro de preocupación es bastante obvio. ¿Sucede algo con mi cuñado? —Se acercó y le entregó la taza de café.
La preocupación visibl