Pasaron los meses y no podían creer que era tiempo de disfrutar lo merecido de la paz absoluta sin miedos, tribulaciones, escasez y la falta de amor que antes habían atravesado… La vida le había sonreído y solo podían disfrutar de tan valioso tesoro.
—¿Seguirás comiendo? —Laura observó a Ángela llenar su plato por tercera ocasión.
—Estoy ansiosa, amiga… —Las emociones locas la habían arropado y, cuando menos lo esperaba, estaba llorando como niña pequeña. —Tomás está muy distante, creo que ya n