La noche fue tan larga y agotadora que parecía no querer terminar. Sentado en el mueble en su fría y solitaria habitación, Gabriel observó cómo se ocultaba la noche y se encendía el día. Le parecía mentira que, en un abrir y cerrar de ojos, la vida feliz, tranquila y sonriente que solía tener, se había convertido en tristezas, lágrimas, amargura y enojo.
Una ducha de agua fría y sin nada de ánimo en su cuerpo se vistió para irse a la empresa. No tenía pensado regresar, pues mientras esa mujer p