Por Alice
Esa noche no pude ni comer.
Mis padres no me hicieron ningún comentario, no sé si notaron la presencia de Alberto en la vereda.
Estuve a punto de claudicar, de entregarme a sus brazos.
No sé si era una suerte o no, que se haya ido.
Tal vez si él hubiera estada aún en mi vereda, me hubiera defraudado a mí misma.
Me siento desgraciada.
No me comprendo.
Todo cambió cuando sentí nuevamente el sabor de sus besos.
Tal vez no queda más que encontrarlo en mis sueños, como me sucede cada noche