Ivette Russell
Me acurruqué con mi hija en el rincón mas alejado de la habitación.
Tabatha no paraba de llorar y yo no sabía cómo controlarla.
—Busquen la llave o tiren la puerta.
Con los gritos y el ajetreo, se me hacía un poco complicado saber quien era el responsable de todo ese escándalo.
—Ya, bebé, ya… —Sequé sus lágrimas—. Todo está bien, mi amor. Mamá está aquí.
—Ma-má… —lloriqueó la infante.
—Si, mi amor. Mami está aquí, es solo un poco de ruido, princesa. No pasa nada.
—Papá…
A la menc