René Chapman
Giré el pomo de la puerta, y tal y como lo imaginé, la misma estaba sin seguro.
Dudé antes de dar el primer paso, pero lo cierto es que terminé haciéndolo.
Si ya había venido hasta acá, ¿Por qué flaquear?
—Adelante, te he estado esperando.
Fruncí el ceño, tratando de recordar dónde había oído esa voz antes.
Un hombre tan alto y fornido como yo, apareció de la nada.
—¿Quién eres tú? —pregunté, adoptando una postura defensiva.
—Eso es lo que menos importa ahora, presidente Chapman.
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